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miércoles, 12 de octubre de 2011

Carmen Barbieri: “A Santiago hubiera preferido llorarlo muerto”

 


Carmen Barbieri abrió las puertas de su casa y su intimidad para hablar de su separación de Santiago Bal en la revista Gente, y relatar cómo fue que terminó por enterarse que su pareja durante veinticinco años la engañaba con Ayelén Paleo.


“A Santiago hubiera preferido llorarlo muerto, como el mejor hombre de mi vida. Sí puedo decir que es el último. Ojalá esto fuera mentira y me despertara viendo que es una pesadilla“, dijo la actriz.


“Cuando él estaba enfermo, en terapia intensiva, yo pensaba que si no sobrevivía prefería irme yo también. Para mí se acababa el mundo”, contó Barbieri a la publicación, hablando del padecimiento que sentía cada vez que Bal enfermaba.


Si hubo un punto de inflexión, quizá haya sido la muerte de su amigo Rolo Puente: “Puede ser que en su cabeza jugara eso, porque se fue su último amigo. Inconscientemente puede haber dicho ‘voy a vivir la vida’ y eligió a una mujer mucho más joven. Es un cambio bárbaro: Santiago es un bacán. El nunca compraba ropa, y ahora se interesaba por la pilcha. Noté que estaba motivado, moderno: escribía como un pendejo”, relata.


Enseguida, entra en un terreno mucho más personal: “Hacía nueve meses que no teníamos intimidad. Él se mudó a la habitación de al lado y yo creí que tenía que ver con que trabajaba a toda hora. Pero evidentemente había otros motivos“, explica.


Las sospechas no tardaron en aparecer: “Cuando empecé a dudar, me metí en su celular y encontré mensajes sospechosos. Siempre dijo que lo criaron sin decir ‘te quiero’ o ‘te amo’, pero en esos textos le decía todo el tiempo a una mujer que no supe quién era ‘te quiero’, ‘te amo’. Cuando llamé, atendió una chica muy joven, y a los tres o cuatro días dio de baja a la línea”, recuerda Carmen, angustiada.


“Él sabe que siempre prefiero la verdad, y durante nueve meses me mintió de una manera tan cruel que por momentos sentí que era cierto lo que me decía: ‘Estás loca. Apuntá bien, estás buscando donde no hay. Estás desquiciada‘. En veinticinco años nunca revisé nada. Pero ahora estaba buscando. El profesor de computación me enseñó que entrando en el tachito de basura de la computadora podía encontrar algo y aparecieron los mails, y ahí leí: ‘Mi amor, estoy triste, me cuesta mucho verte en el escenario. No puedo mirarte a los ojos porque se da cuenta, está buscando por todos lados’. Ese día me enteré que no estaba loca, desquiciada. Era una mujer que había amado a un hombre durante veinticinco años y olía que algo andaba mal”.


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